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Después de que todos nos encogimos de hombros ante los últimos intentos de Hollywood de adaptar los clásicos del Anime como Ghost in the Shell, surge el temor de lo que sucederá con la querida franquicia Alita en manos de James Cameron.

Historia de Tapa

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Cover Story

Invoca al fantasma de las Navidades futuras y lee la primicia incluso antes de que suceda.

¿Arruinará James Cameron Battle Angel Alita?

Después de que todos nos encogimos de hombros ante los últimos intentos de Hollywood de adaptar los clásicos del Anime como Ghost in the Shell, surge el temor de lo que sucederá con la querida franquicia Alita en manos de James Cameron.

Cuando vi por primera vez a Kyle Reese materializarse en un oscuro cielo de los 90, caer desnudo en un sucio callejón, robar los pantalones manchados de un indigente y huir desesperadamente de la policía y de un futuro devastado por robots asesinos en “The Terminator”, juro con una mano en mi corazón que pensé estar viendo doble. La escena había sido sacada directamente de la apertura de Harlan Ellison para un episodio de “Outer Limits” de 1964 llamado “Soldado del mañana (Soldier from Tomorrow)”.

Por supuesto que Harlan Ellison siendo Harlan Ellison, demandó a James Cameron después de pasar una hora y cuarenta y ocho minutos viendo cómo sus derechos de autor habían sido machacados. Los que conocieron a Harlan saben que el hombre era tan dulce como el algodón de azúcar, pero también pueden atestiguar lo duro y amargo que solía ser con aquellos que voluntariamente o no cometieron el abismal error de subestimarlo.

El resultado de la aventura de Cameron fue, además de una de las películas más exitosas en la historia del cine, un jugoso acuerdo a favor de Harlan. Además de un reconocimiento muy prominente y muy notorio al final de la última escena, justo momentos después de que Sarah Connor se aleja con su jeep rojo hacia un tormentoso horizonte, indicando así al espectador que todo lo visto ha sido, de hecho, inspirado por el teleplay de Harlan Ellison para “The Outer Limits”:

Reconocimiento a
los trabajos de
HARLAN ELLISON

Dios mío, eso si que duele. El pelo en la sopa. La mosca en la leche. Para Cameron, una línea de crédito en su ópera prima que sigue despreciando incluso hasta este dia.

Aunque esa no sería la última vez que James Cameron se metería en problemas con el llamado source material. Impactante, lo sé. Se han presentado demandas judiciales por violaciones de derechos de autor en casi todas las películas en las que el afamado director tuvo participación, ya sea como director o productor. Desde The Terminator (mencionada anteriormente), hasta True Lies, Titanic e incluso Avatar (sin mencionar el elefante en la habitación del tamaño del edificio de Nickelodeon). Todos grandes éxitos de taquilla. Todos plagados por la aburrida danza del vientre de los abogados de derechos de autor.

¿Eso significa que el hombre roba todo lo que cae en su escritorio? Para nada. El proceso creativo puede ser difícil para algunos artistas, especialmente cuando gran parte de su día consiste en la constante lectura de manuscritos.

Conozco algunos escritores que a menudo dejan de leer cuando están en el proceso de escribir un trabajo importante. Esperan que eso sea suficiente para evitar que sus mentes les jueguen una mala pasada, ya que (créanme) no hay nada de divertido en tener que reescribir partes completas de un manuscrito porque lo que se leyó por placer durante la noche, encontró su camino sigilosamente al trabajo de la mañana siguiente.

¡Disparates! ¡Herejía! ¡Uno no puede comenzar a limitar la mente creativa por miedo! ¡Es un tapiz de cada experiencia que hemos tenido en nuestras vidas! Su mera fibra está hecha de nosotros, sentados en el cine, leyendo ese libro en el parque, viendo los cartoons del sábado a la mañana, viendo comics en la tienda, jugando juegos de mesa, videojuegos, hablando con amigos, escuchando conversaciones en un ascensor o antes de cruzar una calle!

Todo! Todo lo que alguna vez hemos encontrado en nuestro camino se copia, se cataloga y se archiva en esa biblioteca infinita de pensamientos que es nuestra creatividad para que podamos usarlo más tarde a través de la mente subconsciente en nuestras obras. Aquellos que niegan sus amores, pierden su tren a la tierra de los sueños y la locura.

Y es en la abrumadora tarea de la creación, donde la inspiración se convierte en un proceso inevitable (y muy necesario). Vuelve a mirar La guerra de las Galaxias y encontrarás algunas huellas de las películas de Kurosawa en las arenas de Tatooine de las que no te habías percatado antes. Encuentra una copia del hermoso “8½” y dime que Quentin Tarantino no se inspiró en Federico Fellini para la escena de baile en Pulp Fiction. Ponte tus botas y ve a cazar a la ballena blanca, luego atrévete a argumentar que Herman Melville no había estado enamorado secretamente de William Shakespeare cuando puso a Starbuck, Ishmael, Ahab y Pequod, a remar constantemente con sus arpones listos para darle muerte a ese demonio llamado Moby Dick.

James Cameron podría ser culpable de no reconocer (a veces) las numerosas cascadas de inspiración que llenan la fuente de creatividad de la que a menudo bebe para deleitarnos con sus magníficas películas. Pero de ninguna manera el hombre es un ladrón: es un artista.

Por lo tanto, el temor con Alita (la cual está produciendo) no radica en la infracción de los derechos de autor, sino en la posibilidad de que se cometa un pecado igualmente dañino. Un pecado que parece conllevar un placer extrañamente enfermizo en el Hollywood de la actualidad; el acto voluntario de ignorar la importancia del source material.

El caso atroz de Ghost in the Shell se puede citar como un ejemplo de los horrores que tal falta trae sobre aquellos que se atreven a caminar entre esas lápidas. Por supuesto, hay cosas que simplemente no se pueden traducir a una película, sin importar lo bueno o artísticamente talentoso que sea un director. Pero estos casos a menudo se limitan a versiones cinematográficas de libros, donde no hay material visual preexistente que no sea la portada (con excepciones raras y obvias).

En el caso de una película de animación japonesa, generalmente es una práctica estándar respetar el material de origen. El resultado puede ser incompleto, cierto, pero eso no daña la historia en lo absoluto.

Las llamadas live action movies, por otro lado, parecen esforzarse por hacer todo lo que esté a su alcance para destruir la franquicia que intentan llevar a la pantalla y dejarla en el olvido de tal modo que nadie más se atreva a usarla nuevamente. Los desastres más importantes incluyen el raro caso de Dragon Ball The Movie, Teenage Mutant Ninja Turtles de Michael Bay y, más recientemente, Death Note de Netflix.

Pero volvamos a Ghost in the Shell.

Desde la controvertida elección de poner a Scarlett Johansson como actriz principal (claramente una mala idea cuando todos esperaban una actriz asiática para interpretar a Motoko Kusanagi en la gran pantalla), a libertades tomadas quizás en uno de los aspectos más importantes de la franquicia; su mundo.

Solo por citar un ejemplo: en la icónica escena después de que Motoko salta desde la azotea de un hotel, inmediatamente podemos encontrar algo que no cuadra. No con la película en sí (al menos no hasta este punto, aunque habrá muchas más oportunidades de arruinar las cosas que, desgraciadamente, no serán desaprovechadas durante el resto del film), sino con el material de origen en sí.

Motoko, tal como aparece en la versión manga y anime, irrumpe en una reunión de negocios cuando se lanza a través de un gran ventanal escupiendo balas por doquier. Su equipo de apoyo se apresura al lobby del hotel para proporcionar respaldo, pero luego, casi de inmediato, algo captura la atención del espectador. Por encima del equipo, durante un lapso de cuatro interminables segundos, se puede ver un gran letrero de neón en la entrada del hotel. Un cartel que no está en ninguna parte, ni en el Manga, ni en la versión Anime de Ghost in the Shell. Pero sí en la película.

El letrero lee MACIEJ.

Entonces, si no está en el material de origen, ¿de dónde proviene ese letrero increíblemente prominente? ¿Y qué es un MACIEJ? Resulta que MACIEJ no es un algo, sino un “él”. Maciej es el nombre de uno de los artistas conceptuales que trabajaron en la película.

Así es, amigos! Además de agregar hologramas de peces gigantes a la franquicia solo porque un productor le echó un vistazo a los conceptos de efectos especiales de Blade Runner 2049 y pensó que sería una gran idea tener algo así, en Ghost in the Shell uno de los artistas conceptuales decidió colocar su apellido en uno de los conceptos y, de alguna manera, el capricho terminó en la producción final porque, ¿por qué no?

Todo parece indicar que la buena gente a cargo de los efectos visuales tuvo que cubrir el descuido inventando una tierna historia sobre una especie de “homenaje” a Maciej, aunque nunca llegaron a aclarar por qué un artista conceptual, virtualmente desconocido por todos, fue homenajeado en una película de un Manga del cual nunca formó parte. Y por cuatro segundos. Por cuatro largos e interminables segundos.

En realidad, tachen eso: sí escribieron una linda explicación sobre el por qué en el libro de arte oficial de la película. Pero aún así tiene poco sentido. Especialmente cuando Heineken pagó alrededor de $45 millones de dólares para que su marca reemplace el famoso vodka-martini de James Bond en la película Skyfall hace ya unos años. Tal vez la colocación de productos ya no sea lo que solía ser para algunos estudios de Hollywood.

De cualquier forma, la producción entera estuvo plagada de ese tipo de pecados. ¿Tropezará James Cameron también con esa cáscara de plátano? Improbable; el hombre es un profesional, con mayúsculas.

Y porque él sí es un profesional, ¡todavía hay esperanza para Battle Angel Alita! Enormes esperanzas de hecho! Porque donde termina James Cameron comienza Robert Rodriguez. Una pequeña mirada a la magistral Sin City, una tarde dedicada a perseguir criminales con The Spirit o disfrutar Sin City: A Dame to Kill, son sin dudas suficientes credenciales para darse cuenta de que el hombre sabe exactamente cómo filmar una película respetando el source material.

Él no desprecia a los escritores o artistas de comics en lo absoluto. Él es un fan. En realidad, Robert Rodriguez es mucho más que un simple fanático. Él es (junto con Tim Burton, Spielberg, George Lucas, Zack Snyder y Guillermo Del Toro) uno de los pocos directores de cine que nos pueden regalar a los amantes del manga lo que realmente esperábamos de una versión en vivo de nuestras queridas franquicias.

Cuenta Bradbury que cuando John Huston llamó a Ray Bradbury para escribir el guión de Moby Dick, se pasó una gran cantidad de tiempo en Irlanda sin poder hacer justicia al libro. La razón era familiarmente preocupante: no había leído el material de origen. Era demasiado largo, intimidantemente lento para él. No es que la historia sea aburrida, en lo absoluto. Simplemente no era su tipo de libro.

Después de meses de dar vueltas sin poder escribir una escena coherente para el guión, y con John Huston destrozando página tras página al final de cada día, Bradbury decidió sentarse y tomarse el tiempo de revisar el libro. Volvió a leer Moby Dick, desde cero, aunque ya había devorado grandes porciones del mismo una docena de veces y hasta se lo sabía de memoria.

El resultado fue nada menos que mágico. Bradbury afirma que, al terminar de leer el libro, el aroma del aire fresco del mar llenó su habitación. Cansado, se fue a dormir, pero despertó sorprendido no mucho después, saltando de la cama directamente al baño. Se miró al espejo y casi llorando gritó “¡Soy Herman Melville!”

Lo que siguió fueron las cuarenta páginas de guiones que faltaban para comenzar a buscar a la Ballena Blanca, y una reescritura completa realizada de una sola vez, supervisada por el fantasma de Herman Melville. Por fin, Bradbury se había convertido en un fanático de Melville, al igual que todos los que verían al Ahab de Gregory Peck.

Tal vez sea hora de que algunos directores de cine se tomen el tiempo para descubrir cómo enamorarse del source material antes de gritar “acción” frente a una audiencia que se encoge de hombros y se pregunta por qué alguien querría agregar algo a lo que ya es perfecto.




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